lunes, 24 de septiembre de 2007

Soledad a veces...

Soledad se despertó para volver a dormir. Soledad no quiere despertarse del sueño en el que volaba encima de la nieve. Sentía como el hielo frotaba todo su cuerpo y dejaba trozos de agua sólida por su vientre. Soledad. Su nombre lo decía todo, no hacía falta mencionar su apellido. Soledad a veces se despierta con hambre pero sabe que en la nevera nunca encontrará eso que la alimenta. Es un círculo vicioso, que se extiende con el pasar de los años. Lleva años dormida y no se quiere despertar. Abrir los ojos es como darse por vencido, renunciar a lo que siempre soñó. Soñar es el sueño y la compañía de soledad. Su piel muere cada segundo y las cicatrices se vuelven más grandes. El viento pasa y soledad sabe que el tiempo se encargará de llevarla a ese lugar adonde nunca estará sola. Solo a veces con su sueño...

jueves, 20 de septiembre de 2007

La niña

Era hora de acostarse, la niña Claudia, se resistía a ponerse la pijama por que no tenía limpia la de la kitty. La rosadita, con estrellas y corazones. La madre la regañó muy fuerte y la amenazó con no llevarla el sábado a comprar la nueva baby que lloraba. Claudia tiene 8 años, y su infancia y su vida cambiaron en el momento en que su madre cerró la puerta. Se acostó molesta, con la sensación de no haber podido lograr su deseo, dormir con su pijama favorita y sentir como la kitty la acompañaba durante su travesía por los sueños. Estaba oscuro, el orgullo no la dejaba dormir, se levantó y encendió la luz. Fue al baño, abrió con curiosidad las gavetas. Encontró unas tijeras de coser. Jugó por un momento a desgarrarse la pijama que tanto odiaba, la de la pantera rosa que su tía le había regalado hace 3 años para navidad. De pronto vio una gota de sangre caer al suelo. La niña tuvo curiosidad, no sabía de donde provenía, se acercó un poco para ver de que se trataba, era sangre fresca que caía desde su mentón, se había cortado sin querer y la herida era profunda. Ella no sentía nada, tenía miedo a decírselo a su madre pues con esta seguramente tendría que olvidarse de la nueva Baby que lloraba. La sangre sobre el piso blanco del baño se veía bien roja y al frotarla un poco se hacía rosada. La niña dibujó una kitty gigantezca con los dedos, su mentón no paraba de sangrar, para estas alturas ya no existía la pantera rosa, era más bien una camisa roja donde a penas se divisaban ciertas lineas oscuras de cualquier otro color. Menos el rosa. Claudita amó por un momento el olor a sangre, la kitty le había quedado preciosa, nunca antes la había podido dibujar tan bien, Claudia se sintió mareada, pero el olor a sangre le seguía provocando una sensación única, se frotaba las manos con la sangre que seguía saliendo y en algún momento pensó en ir a decirle a mamá, pues vio que alrededor de ella todo era de color rojo, hasta sus pies, pero el miedo podía más con ella, sabía que mamá esta vez si la castigaría. Claudia se acostó al lado de su kitty, y se quedó dormida, la imagen era tierna, rosa. Claudia amaneció muerta la mañana siguiente.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Maldito el placer

La barra estaba vacía, silencio, gobernaba la paz y el olor a vómito de la noche anterior había desaparecido por completo. Ahí estaba, íngrimo, acompañado por su soledad, Juan Fernando se veía en el espejo al fondo de donde ponen las botellas. Se miraba y sonreía entre las botellas de ron y de bourbon, también había una que otra de coñac, del más barato. Sonrió una y otra vez, ver su rostro le provocaba una risa que ni el entendía. Entre risa y risa Juan Fernando comenzó a darse de golpes con la cabeza en el filo de la barra.Le provocó un placer inexplicable, un placer diabólico. Poco a poco desangró su frente, no hizo caso, continuó hasta abrirse una herida de importantes dimensiones. Se miraba en el espejo, miraba su rostro cada vez mas ensangrentado, sonreía con un placer nunca antes visto, como si la sangre fuera un adorno para esconder su infelicidad, rojo, hediondo, maldito. Juan Fernando comenzó a llorar, desconsolado, nada y nadie podían detener su llanto. En algún momento paró y siguió haciendo su herida más grande contra la barra del bar. Su frente ya no parecía frente, ya se le notaba el cráneo. Su rostro ensangrentado lo hizo reír, se sintió feliz, embriagado por tanta sangre, estúpida, en fin sangre. Juan Fernando cayó al suelo, desmayado. Ahí estaba Juan Fernando, en el suelo, se encontró a si mismo desnudo, le dio pudor ver su cuerpo lleno de sangre, se tapó. Recordó la noche anterior y las tonterías que dijo, tanta sangre derramada, sangre ajena, sangre que debe. Juan Fernando pasó la noche en el bar, cuando despertó se encontró a si mismo adentro de un sótano, así, desnudo, el lugar estaba cerrado y como pudo se acercó a la barra para emborracharse de sangre. De su propia sangre, de la que no le debe a nadie. El lugar era para él y así lo fue hasta que encontraron el cuerpo sin vida de Juan Fernando tirado en el suelo. Salió en la televisión y en el periódico. Aquello fue una noticia que sonó por meses y el lugar se vio obligado a cerrar.

lunes, 17 de septiembre de 2007

17S

Vaya, ahora aparece entre nosotros otra de esas fechas que se recuerdan con un número y con una letra. El día de hoy, muy tempranito por la mañana, se le ocurrió a un señor que conducía una pipa llena de aceite quemado, no revisar sus válvulas y salió desde San Salvador hasta Lourdes (Departamento de la libertad) unos 25 kilómetros aproximadamente, derramando chorros y chorros de aceite por toda la carretera. Me imagino la cara del conductor, se divertía mientras pensaba en su mujer cuando escuchaba alguna canción romántica que le recordaría viejos tiempos. Cuando por el trasero de la pipa salían chorros y chorros del tal aceite.

Desde que salió, la ciudad se convirtió en un caos. Pocos metros atrás de él empezarían los primeros accidentes de coches que no podían controlarse por culpa del aceite sobre el pavimento. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y hasta diez vehículos que no pudieron mantener el control, chocaban entre si. La gente gritaba, los niños lloraban y los perros mordían, en fin un caos sin precedentes agitó esta mañana a la ciudad de san salvador. Los servicios de emergencia se activaron y la policía actuó de inmediato. Ambulancias, bomberos, servicios de seguridad salieron a las calles y nadie daba crédito a lo presenciado. Cerraron una de las principales carreteras del país por que nuestro camión quería llegar a su destino, y a tiempo. Cuando el camión llegó finalmente a su lugar, el conductor quizá se percató de lo sucedido y como era de esperarse, huyó.
Los servicios públicos decidieron poner tierra encima del aceite, y casi toda la ciudad parecía un pueblo con calles de polvo. Aquello era de postal. Mientras que el aceite quemado que restaba en las carreteras hizo de las suyas con los neumáticos y la pintura de los carros. Todos muy llenitos de aceite negro. Pensé en los conductores, en las madres que les urgía llevar a sus hijos a algún lugar, pensé también en los amantes que no pudieron verse este día por culpa del cierre de la carretera. Pensé... en la madre de nuestro querido y recordado conductor, que pasará a la historia como el autor principal de nuestro 17S.

Vaya pueblo!