martes, 16 de octubre de 2007

Estoy cansado

Tengo ganas de irme, aunque no se, que es lo que hay en esta fiesta, de lagrimas, de sonrisas encontradas, de voces, de ruidos. Hay algo aquí que me dice que me quede, pero mi cabeza me dice que me vaya, lejos, muy lejos para encontrarte en el lugar adonde todos nacemos. Allá arriba en el espacio. Adonde la luna pierde todo sentido de ser. Lejos.

Solo necesito una razón o un motivo, llámese como se llame, para quedarme, para darte calor, para sonreir con tu sonrisa absurda. Dale volumen a tu corazón, para que lo pueda oir, lo siento muy lejano, como en el horizonte, solo escucho un eco que me aparta y me dice entre líneas que me quede y no estoy seguro que seas tú.

domingo, 14 de octubre de 2007

Lo que extraño de Madrid

Siempre me pareció doloroso recordar esa ciudad. La que me dio en la cara un par de ostias muy duras y me hizo crecer. Nunca había querido escribir algo sobre España, marcó mi vida para siempre y aunque hay cosas que quiero olvidar, hay cosas que recuerdo con nostalgia. No las voy a enumerar pero las mencionaré para dejarlas sobre este espacio. Extraño el olor a tabaco negro en las cafeterías por la mañana. El olor a cerveza caída. El cortadito con un "donus". Los gritos de la gente. Las calles mojadas en el invierno y la mierda que se acumula en las orillas. El olor de las estaciones del metro. Los amontonamientos en las horas pico. El sonido de las bocinas de los vagones cuando iban a llegar a su destino. La mirada perdida de alguien que te mira por un segundo y que por un instante haces contacto visual y te da vergüenza. Las caminatas por la latina. Las cañas dobles. Los kebabs de media noche, de pollo, doble con queso y sin cebolla, con una ración extra de salsa blanca y un nestea. La ida al kiosco de revistas y ver las portadas del interviu. Leer el país todas las mañanas con el café. La plaza mayor cuando está vacía. El paseo por la calle de los cuchilleros y mi cerveza belga en el Kaffeke. Los domingos en el retiro con la litrona en una mano y un porro en la otra, mientras contemplas sentado en la plaza, el lago. Los moritos que te venden hash, al sonido de shh shhh... La larga caminata desde la calle mayor hasta Cibeles y de regreso hasta la gran vía para tomar el metro. El búho nocturno que me dejaba frente a mi casa. El sonido de las sirenas a media noche. El frío del invierno. El calor del verano duro. Malasaña, las cañas en el pepe botella con mi amigo javi y mi amigo jose hablando de cine y cine y cine. Soñar con ellos sobre las grandes películas que un día haremos y las que no haremos también. La plaza del dos de mayo. Sentirme extranjero. Las largas colas en la policía para renovar mi permiso y las conversaciones que se producían con los extraños al rededor, todos hablando de lo mismo. Extrañar a mi familia. Levantarme todas las mañanas preguntándome si aquel era mi lugar. Sin duda, ahora puedo decir que nunca lo fue...

martes, 2 de octubre de 2007

Acerca de cumplir años

Lo que me cae mal de esta fecha es que siempre uno espera demasiado de las personas. Es un día plenamente egoísta, en el cual uno se quiere sentir especial y querido por todos. Se esperan las llamadas, los abrazos, las palabras colochas y alborozadas de cariño. Es un día como cualquier otro, pero uno desea que sea especial, por que se cumple un año más, o uno menos. Los regalos van desde lo banal, los detalles y las tonterías, hasta lo espiritual y lo divino. Recuerdo una vez, mientras vivía en Madrid, celebré mi cumpleaños con un eclipse solar que se dio a las 8 de la mañana. Recuerdo esa sensación de sentir que era un regalo de Dios, comencé mi día con un eclipse total de sol, fue algo muy bonito. Recuerdo otro que me tocó celebrarlo en la ciudad de México, eran las 12 de la noche y nos fuimos a la plaza garibaldi a celebrarlo. Al llegar había una turba como de 100 mariachis todos tocando y cantando a la vez en un círculo cerrado, para mi era algo fantástico ver aquel espectáculo. Desgraciadamente estaban tocando "Las golondrinas" en honor a un mariachi que había fallecido ese mismo día, su cuerpo estaba al centro mientras la familia lloraba su partida. El más lindo, quizás por lo que para mi representaba fue la vez que estaba trabajando como guía turístico en Portugal. Por alguna razón, un día antes de mi cumpleaños me llamaron de la agencia de turismo para avisarme que al otro día, debía de partir de Oporto en Portugal para el norte de España, para llevar a un grupo de turistas por la cornisa cantábrica. Para mi placer, pase la madrugada de mi cumpleaños en la ciudad de Santiago de Compostela, el lugar de donde provienen mis atepasados y era una ciudad que siempre había deseado conocer. Fue otro regalo de Dios, poder estar frente a la catedral de Santiago agradeciendo por un año más de vida. Por la noche, nos trasladamos a Asturias y pasé un cumpleaños solitario, me acompañaban solamente una cerveza, una botella de Sidra Asturiana y unos bartenders ecuatorianos con mala cara. Nadie se acordó de mi cumpleaños, no hubieron llamadas, ni palabras bonitas, solamente murmullos de parte de los turistas que reclamaban atención. Finalmente hasta ahora, creo que el mejor cumpleaños se cumple el día que no esperas nada, pues todos los días, quierase o no, cumples un año de haber hecho cualquier cosa.