Sentí lo que sentí por que me dio la gana. Por que si. Por que asi soy yo. Por que no me da la gana sentir otra cosa. Sentí lo que sentí por que asi lo siento y asi lo sentiré. Siempre.
Aunque te alejes, aunque me restriegues tus aventuras y tus pesadillas en la cara. Es lo que siento. No pienso cambiar. Siento lo que siento, aunque siento mucho tu pesar. Tu remordimiento, de haberme dejado solo cuando más lo necesitaba.
Tú, si, tú... Aunque suene ambiguo saber tu identidad, tus deseos de estar a mi lado. Compartiendo la nada, los trozos de sueños inconclusos que ves al futuro.
Detesto tus ganas de adorarme y adoro tus ganas de compartir mi momento sin mi, aunque te admiro. Eres con la que siempre soñé hacer la vida en francés y en ruso.
Te quiero.
lunes, 12 de mayo de 2008
jueves, 1 de mayo de 2008
Hoy me comí el último chocolate suizo
A Nadine... Para que me traiga más chocolates!
De los que me habías regalado. Los venía cuidando, comiéndome uno a la vez. Si bien dicen, que los mejores chocolates del mundo son los suizos. Podía sentir cada milímetro de su sabor. Y me comía uno cada día, era como una religión, después de la cena, un chocolate. Pero el último no me lo comí y lo guardé en la refri, para que no se aguadara y mantuviera su sabor. Vine guardando ese chocolate casi por una semana. Ahora, cuando terminé de cenar, me encontré con mi amigo chocolate en la refri, estaba ahi, íngrimo, triste, duro. Por primera vez me comía el chocolate para sentir algo dulce, en la vida, como si ese pequeño trozo de cacao con azucar fuera a cambiar algo. Lo sentí amargo, lo sentí vacío. El chocolate no pudo endulzar mi momento, por más que quise aguantarme el sabor en la boca, que se me hiciera agua, que los trozos de maní se hicieran liquídos. No hubo forma, creía que había algo raro en mi paladar, y estaba consciente que no era el chocolate. Soy yo. Fui yo quién perdió el sabor, de las cosas, de todo. Siempre pensé que era un tipo dulce, a veces empalagozo, siempre quise dejarle una sonrisa a la gente, por que creía que era la mejor manera de endulzar los momentos, una sonrisa sincera es gratis y se agradece. Pero por primera vez mi sonrisa es amarga, no tiene sabor, ni color. Algo cambio, en el momento menos esperado, sin pausas, de repente.
De los que me habías regalado. Los venía cuidando, comiéndome uno a la vez. Si bien dicen, que los mejores chocolates del mundo son los suizos. Podía sentir cada milímetro de su sabor. Y me comía uno cada día, era como una religión, después de la cena, un chocolate. Pero el último no me lo comí y lo guardé en la refri, para que no se aguadara y mantuviera su sabor. Vine guardando ese chocolate casi por una semana. Ahora, cuando terminé de cenar, me encontré con mi amigo chocolate en la refri, estaba ahi, íngrimo, triste, duro. Por primera vez me comía el chocolate para sentir algo dulce, en la vida, como si ese pequeño trozo de cacao con azucar fuera a cambiar algo. Lo sentí amargo, lo sentí vacío. El chocolate no pudo endulzar mi momento, por más que quise aguantarme el sabor en la boca, que se me hiciera agua, que los trozos de maní se hicieran liquídos. No hubo forma, creía que había algo raro en mi paladar, y estaba consciente que no era el chocolate. Soy yo. Fui yo quién perdió el sabor, de las cosas, de todo. Siempre pensé que era un tipo dulce, a veces empalagozo, siempre quise dejarle una sonrisa a la gente, por que creía que era la mejor manera de endulzar los momentos, una sonrisa sincera es gratis y se agradece. Pero por primera vez mi sonrisa es amarga, no tiene sabor, ni color. Algo cambio, en el momento menos esperado, sin pausas, de repente.
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