miércoles, 12 de agosto de 2009
Invocando al fantasma
sábado, 6 de junio de 2009
El peligro de la humedad
miércoles, 25 de marzo de 2009
¡No fue un sueño!
era mi lugar, que es un karma nacer ahí, etc. Por todo ese pensamiento cerrado, cuadrado, simplista, pensamiento de terrateniente, con sombrero y pistola. Que las cosas no se pueden, que todo es imposible, que te vean raro por no tener una carrera “de provecho”. O que sos maricón por que usas el pelo diferente. Utopías dijo un conocido de mi padre. Estoy con lágrimas en los ojos, celebrando nuestro triunfo, que estoy seguro no hará mucho en 5 años, no será un cambio radical donde los pobres dejarán de ser pobres, para eso, desgraciadamente necesitamos mucho tiempo, es más bien una señal de que hemos cambiado, que si podemos cuando le entramos con fuerza a cualquier cosa.
Hoy recuerdo a Monseñor Romero, recuerdo a todos, no importa de que bando, los que murieron en la guerra, todos nuestros hermanos que tuvieron que irse, como hubieran deseado vivir este momento. Pero todo valió la pena, solamente por celebrar este día toda la sangre derramada valió la pena. Por que ganó la democracia, ganó la libertad, ganamos los que tenemos sueños, los que pensamos diferente, ganamos los que muchos nos tildan de “raros” y también los que vamos más allá de cualquier obstáculo.
Hace unos meses envidiaba a los gringos, decía “como se sentirán de orgullosos con ese cambio?” Ahora, tengo los pelos de punta del orgullo, no me cabe en el cuerpo, quisiera ponerme una camiseta en este momento que diga SOY ORGULLOSO DE SER SALVADOREÑO y gritarlo a los cuatro vientos para que lo sepa TODO EL MUNDO!!!
martes, 3 de febrero de 2009
Berlin
viernes, 30 de enero de 2009
Comentario sobre Parávolar
Dedos frágiles, manos delicadas y pies desnudos. Cielos de nubes blancas y el horizonte sin límites. La carretera: el viaje cíclico de los sueños nacidos, rotos, resuscitados al fin. Y alas: para volar.
Para volar como ángel puro en el camino de la adolescencia y descubrir la dulzura de la palabra, la profundidad de la mirada, la inocencia de la esperanza.
Para volar entre partículas blancas, símbolo invertido del obscuro juego subterráneo, y sentir los golpes en el cuerpo y en el alma.
Para volar con alas nuevas, de niña ya mujer, de mujer ya madre consoladora. Volar hacia un destino que es vida a través de otra vida: Ícaro sin miedo al sol ardiente.
Arturo Menéndez condensa en una parábola la existencia de un ser, de un viaje, de una sociedad: la iconografía juega con la pintura renacenista, la escultura neoclásica y la estética simbolista. Los diálogos y la banda sonora conversan marcando el ritmo de las imágenes, como un soneto isabelino, perfetamente estructurado en su libertad interna. Y la historia se narra por sí misma, en la calle, en la habitación, en el suelo, en el vuelo. En aquellas alas que son función de un único deseo: volar, Parávolar.