miércoles, 12 de agosto de 2009

Invocando al fantasma

Me despertó el ruido de la puerta que se abría, pero no se abrió. Me quedé inmóvil, el pánico se encargó de mi cuerpo y lo paralizó a su máxima expresión. Por un momento fui nube, blanco, silencioso. No recordaba mi nombre y la sed hizo lo suyo. Susurraba nombres extraños, pero conocidos, como invocando a mis propios demonios. Los del miedo. Agarré la puerta para no dejar entrar al viento, mi cuerpo temblaba y escuché mi voz. A lo lejos. Era yo. Quién quería entrar era yo. Mi fantasma invocado por el sueño. La habitación estaba oscura y no veía mis palabras para decirme a mi mismo que no entrara. Mi eco, mi espacio en el universo temblaban al verme a mi mismo queriendo entrar y yo, al otro lado bajaba mis santos, por el miedo. Me volví espuma y entré como pude por debajo de la puerta, me llevó tiempo, pero recordé el poder de la paciencia entrando con prisa por los rincones más absurdos de la habitación. Soy yo, ya estoy dentro, frente mi mismo, con la misma cara mostrándome mis heridas, las mismas que hoy me detienen ante el miedo de no ser el mismo que estaba atrás de esa puerta.

sábado, 6 de junio de 2009

El peligro de la humedad

Cielo. Infierno. Jardines y colibríes como diría mi amiga. Entro en el debate del peligro. Por que me da la gana, por que es un sitio cómodo. Esta noche me encontré a mi mismo llorando, pero lloraba hacia adentro mientras seguía la conversación de mi amiga. Era nostalgia, era llanto, del verdadero, sin derramar ni una lágrima hacia el exterior. Lloraba, como lloran lo niños al nacer. Un vaso de agua, una botella, derramada en mi interior y seguía sin saber porque, mientras escuchaba a mi amiga. Nunca supe la razón, simplemente lloraba desconsoladamente, mientras en mi rostro se figuraba una sonrisa. Blanca. Feliz. Oscura. Este pedazo de ser se dio a la tarea de amar todo lo que le parecía ajeno. Soy un trozo de verdad y de mentira a la vez, como si hablara de los momentos más felices de mi vida. Hablo con la verdad y actúo como si de verdad me lo creyera. Lo que queda, es lo que me queda a mi. Lo tuyo, lo de mi amiga y las razones absurdas y conmovedoras para no odiarte. La verdad. La verdad es a medias y nunca a mi razón, que no tiene lógica, por que es mía, así como mi amiga, que la destrozo y la amo, la amo y la destrozo, como si de una flor se tratara, y me desconfiguro a mi mismo mientras me encuentro llorando, inconsolable, para mis adentros, ahí, donde todo parece derramarse con un vaso de agua, gota a gota, hasta mojarme los pies.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¡No fue un sueño!

Hoy, 16 de marzo de 2009 cuando he dormido a penas un par de horas, por estar pendiente de las noticias, y por que en más de algún momento pensé que algo podía ir mal, me levanto y me doy cuenta que no ha sido un sueño, que todo fue real. Ganamos la mayoría esta vez y estamos a las puertas del cambio. Esto lo soñé desde mi adolescencia, pero nunca pensé que nos tocaría a nosotros vivirla. Es cierto señores, la democracia funciona en nuestro país, un poco a patadas, pero funciona, un poco a la fuerza y con el “seño” fruncido, pero esta vez funcionó. Lo que más celebramos no es que vaya a llegar un gobierno tirano comunista a comerse a los niños y a quitarnos todo, (Como dicen los más radicales de la oposición) si no, la revolución interna, el cambio de pensamiento de toda una generación. En este momento, recuerdo todas las cosas por las cuales siempre quise irme de mi país, siempre pensé al igual que muchos, que El Salvador no
era mi lugar, que es un karma nacer ahí, etc. Por todo ese pensamiento cerrado, cuadrado, simplista, pensamiento de terrateniente, con sombrero y pistola. Que las cosas no se pueden, que todo es imposible, que te vean raro por no tener una carrera “de provecho”. O que sos maricón por que usas el pelo diferente. Utopías dijo un conocido de mi padre. Estoy con lágrimas en los ojos, celebrando nuestro triunfo, que estoy seguro no hará mucho en 5 años, no será un cambio radical donde los pobres dejarán de ser pobres, para eso, desgraciadamente necesitamos mucho tiempo, es más bien una señal de que hemos cambiado, que si podemos cuando le entramos con fuerza a cualquier cosa.
Hoy recuerdo a Monseñor Romero, recuerdo a todos, no importa de que bando, los que murieron en la guerra, todos nuestros hermanos que tuvieron que irse, como hubieran deseado vivir este momento. Pero todo valió la pena, solamente por celebrar este día toda la sangre derramada valió la pena. Por que ganó la democracia, ganó la libertad, ganamos los que tenemos sueños, los que pensamos diferente, ganamos los que muchos nos tildan de “raros” y también los que vamos más allá de cualquier obstáculo.

Hace unos meses envidiaba a los gringos, decía “como se sentirán de orgullosos con ese cambio?” Ahora, tengo los pelos de punta del orgullo, no me cabe en el cuerpo, quisiera ponerme una camiseta en este momento que diga SOY ORGULLOSO DE SER SALVADOREÑO y gritarlo a los cuatro vientos para que lo sepa TODO EL MUNDO!!!

martes, 3 de febrero de 2009

Berlin

Camino por esta ciudad, en mi cabeza no deja de sonar la sirena, ni un momento. Esta ciudad tiene carga, esta cargada por una historia muy pesada, de otro tiempo, de otra generacion. Ciudad manchada, grafiteada, llena de soledad y de juventud. Nostalgia, contagio de modernidad y de pesimismo. El caracter que solo esta ciudad puede tener me golpea, duro muy duro, y sin entender las lenguas que aqui se hablan me identifico y me hace sentir parte de esta historia manchada, esta historia corroida en la pared, en el muro que todos llevamos dentro y divide nuestros suenos con la realidad.

viernes, 30 de enero de 2009

Comentario sobre Parávolar

Comentario escrito por Marilena de Chiara, PHD en Filología hispánica por la universidad de YALE.


Dedos frágiles, manos delicadas y pies desnudos. Cielos de nubes blancas y el horizonte sin límites. La carretera: el viaje cíclico de los sueños nacidos, rotos, resuscitados al fin. Y alas: para volar.

Para volar como ángel puro en el camino de la adolescencia y descubrir la dulzura de la palabra, la profundidad de la mirada, la inocencia de la esperanza.

Para volar entre partículas blancas, símbolo invertido del obscuro juego subterráneo, y sentir los golpes en el cuerpo y en el alma.

Para volar con alas nuevas, de niña ya mujer, de mujer ya madre consoladora. Volar hacia un destino que es vida a través de otra vida: Ícaro sin miedo al sol ardiente.

Arturo Menéndez condensa en una parábola la existencia de un ser, de un viaje, de una sociedad: la iconografía juega con la pintura renacenista, la escultura neoclásica y la estética simbolista. Los diálogos y la banda sonora conversan marcando el ritmo de las imágenes, como un soneto isabelino, perfetamente estructurado en su libertad interna. Y la historia se narra por sí misma, en la calle, en la habitación, en el suelo, en el vuelo. En aquellas alas que son función de un único deseo: volar, Parávolar.