sábado, 6 de junio de 2009

El peligro de la humedad

Cielo. Infierno. Jardines y colibríes como diría mi amiga. Entro en el debate del peligro. Por que me da la gana, por que es un sitio cómodo. Esta noche me encontré a mi mismo llorando, pero lloraba hacia adentro mientras seguía la conversación de mi amiga. Era nostalgia, era llanto, del verdadero, sin derramar ni una lágrima hacia el exterior. Lloraba, como lloran lo niños al nacer. Un vaso de agua, una botella, derramada en mi interior y seguía sin saber porque, mientras escuchaba a mi amiga. Nunca supe la razón, simplemente lloraba desconsoladamente, mientras en mi rostro se figuraba una sonrisa. Blanca. Feliz. Oscura. Este pedazo de ser se dio a la tarea de amar todo lo que le parecía ajeno. Soy un trozo de verdad y de mentira a la vez, como si hablara de los momentos más felices de mi vida. Hablo con la verdad y actúo como si de verdad me lo creyera. Lo que queda, es lo que me queda a mi. Lo tuyo, lo de mi amiga y las razones absurdas y conmovedoras para no odiarte. La verdad. La verdad es a medias y nunca a mi razón, que no tiene lógica, por que es mía, así como mi amiga, que la destrozo y la amo, la amo y la destrozo, como si de una flor se tratara, y me desconfiguro a mi mismo mientras me encuentro llorando, inconsolable, para mis adentros, ahí, donde todo parece derramarse con un vaso de agua, gota a gota, hasta mojarme los pies.